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¿Qué dice tu bolso sobre tu carga mental?

  • Foto del escritor: sabrinaburgospsi
    sabrinaburgospsi
  • 9 jul
  • 4 min de lectura

¿Qué dice tu bolso sobre tu carga mental?

¿Alguna vez has abierto el bolso y has pensado: "¿Cómo puede caber tanto aquí dentro?" Llaves, cartera, pañuelos, medicamentos, cargadores, una botella de agua, tickets antiguos, algo para los niños, un bolígrafo "por si acaso"... Parece que llevamos la solución a cualquier imprevisto.

Y, en realidad, ese bolso muchas veces es un reflejo de nuestra mente.

No solo cargamos objetos. También llevamos listas interminables de tareas, preocupaciones, responsabilidades y la sensación constante de que no podemos olvidarnos de nada. Pensamos en la compra, en la cita médica de un familiar, en responder ese mensaje pendiente, en el cumpleaños que se acerca, en el trabajo, en la casa, en cómo están nuestros hijos, nuestros padres o nuestra pareja. Todo parece tener un lugar en nuestra cabeza... excepto nosotras mismas.

Como psicóloga, veo con frecuencia a mujeres que llegan a consulta agotadas. Mujeres fuertes, responsables, comprometidas, capaces de resolver problemas y sostener a quienes las rodean. Sin embargo, cuando les pregunto qué han hecho por ellas esa semana, muchas se quedan en silencio.

No es que no quieran cuidarse. Es que han aprendido que siempre hay algo más urgente que ellas.

Con el tiempo, esa forma de vivir pasa factura. El estrés deja de ser algo puntual y se convierte en un estado permanente. Dormimos peor, estamos más irritables, sentimos ansiedad, cuesta concentrarse y aparece la sensación de no llegar nunca a todo. Paradójicamente, cuanto más intentamos hacerlo todo perfecto, más cansancio y frustración experimentamos.

Muchas de estas mujeres comparten algunos rasgos: son cuidadoras, muy responsables, autoexigentes y perfeccionistas. Les cuesta delegar porque sienten que nadie hará las cosas tan bien como ellas. Les cuesta pedir ayuda porque creen que deberían poder con todo. Y, sobre todo, les cuesta decir "no", porque temen decepcionar a los demás o sentirse culpables.

Pero hay una realidad que conviene recordar: cuidar de uno mismo no es un acto egoísta. Es una necesidad.

Cuando vivimos en piloto automático, es fácil convencernos de que ya descansaremos cuando terminemos todo. El problema es que ese "todo" nunca termina. Siempre aparece una nueva responsabilidad, una nueva urgencia o una nueva necesidad ajena.

Por eso, el autocuidado no puede depender de que sobre tiempo. Tiene que convertirse en una prioridad.

No hace falta empezar con grandes cambios. Los pequeños gestos repetidos cada día tienen un enorme impacto.

El primer paso es reservarte, al menos, diez minutos diarios para hacer algo que realmente disfrutes. Leer unas páginas de un libro, caminar sin mirar el móvil, escuchar música, tomar un café con tranquilidad o simplemente sentarte sin hacer nada. Diez minutos parecen poco, pero son un mensaje muy poderoso: "También soy importante".

El segundo paso consiste en practicar el "no". Un "no" sencillo, sin largas explicaciones ni justificaciones. Muchas veces creemos que debemos argumentar nuestras decisiones para que sean aceptadas. Sin embargo, poner límites también significa respetar nuestras necesidades. Puedes decir: "No puedo", "Hoy no me apetece" o simplemente "No". No hace falta añadir más.

Y el tercer ejercicio es terminar el día con una pregunta muy simple: ¿Qué hice hoy por mí?

Escríbelo en un papel antes de dormir. Quizá fue salir a caminar, comer con calma, pedir ayuda, descansar media hora o decir ese "no" que tanto costó. No importa lo pequeño que parezca. Lo importante es entrenar a tu cerebro para reconocer que también estás presente en tu propia vida.

Con el tiempo, este ejercicio cambia el foco. Dejamos de medir el día únicamente por todo lo que hicimos por los demás y empezamos a valorar aquello que hicimos para cuidarnos.

Porque no se trata de dejar de cuidar a quienes queremos. Se trata de dejar de desaparecer mientras lo hacemos.

La verdadera fortaleza no consiste en poder con todo. Consiste en reconocer cuándo necesitamos parar, cuándo necesitamos ayuda y cuándo es momento de ocupar un lugar en nuestra propia lista de prioridades.

La próxima vez que abras el bolso, quizá puedas preguntarte algo más que si llevas las llaves o el móvil.


Pregúntate también: ¿Qué espacio me estoy reservando hoy a mí?

Porque, al igual que ese bolso, tu mente no puede seguir llenándose indefinidamente. En algún momento necesita vaciarse, descansar y recordar que quien sostiene a los demás también merece ser sostenida.

Si te sentís identificada y estás pasando por esta situación, no tenés por qué pasarlo en silencio y soledad. 


Soy Sabrina Burgos, Psicóloga especializada en Terapia Breve Estratégica y puedo ayudarte con soluciones prácticas en tiempo breve a recuperar tu bienestar. 

La terapia es un espacio seguro para que puedas expresarte libremente, sin ser juzgada y obtengas los recursos necesarios para aprender a vivir con menos autoexigencia, estrés y culpa y puedas sentir más calma y bienestar. 


Porque mereces priorizarte, mereces una vida mejor. Si quieres que te ayude a conseguirlo y te acompañe en el proceso, puedes contactar conmigo y estaré encantada de valorar tu caso y que podamos comenzar a trabajar juntas.


 
 
 

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